
Todo aquel amante de la Naturaleza, cada vez que sale al campo, seguro que quiere avistar un ejemplar escaso y a poder ser espectacular.
Un día de enero de 1983 me acerqué a la laguna de Valdoviño (A Coruña), con la esperanza de hacer unas fotografías de aves acuáticas que allí suelen invernar.
Eran las nueve de la mañana y al adentrarme entre los carrizos me sorprendió un punto en el horizonte que se venía acercando, me camuflé como buenamente pude y quieto, muy quieto esperé a ver de cerca aquella ave de gran tamaño. Efectivamente era de gran tamaño y no era un ave acuática, era una rapaz, un aguilucho lagunero que se fue a posar entre los carrizos, tal fue mi pasmo que me olvidé de la cámara y solo mi retina fue testigo de este encuentro.
Aún hoy recuerdo el vuelo majestuoso de mi aguilucho.



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